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China grava los fideicomisos offshore y pone a prueba la resiliencia financiera de Hong Kong

Las nuevas reglas continentales gravan los activos transferidos a fideicomisos offshore y sus rentas, incluso las no distribuidas, y elevan las exigencias para residentes chinos que usan estructuras de Hong Kong.

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El Ministerio de Finanzas y la Administración Estatal de Impuestos de China incorporaron expresamente los fideicomisos offshore a la administración del impuesto a la renta personal. El Anuncio 21, emitido y vigente desde el 24 de julio, abarca fideicomisos constituidos bajo leyes extranjeras y otros acuerdos jurídicos del exterior con una función sustancialmente similar. Alcanza tanto los activos incorporados como las rentas obtenidas mediante esas estructuras.

Cuando una persona residente transfiere bienes a un fideicomiso offshore, la diferencia entre el valor de mercado y el costo original más gastos razonables se trata como renta imponible por transferencia patrimonial. La base fiscal se actualiza luego a ese valor de mercado. La norma elimina así la presunción de que el aporte a un fideicomiso extranjero queda fuera del cálculo tributario individual.

La renta generada por el fideicomiso de un residente y por las entidades extranjeras que posee, controla o administra tributa anualmente aunque no sea distribuida. Las ganancias patrimoniales y los intereses, dividendos y otros ingresos se calculan por separado; no pueden compensarse pérdidas entre categorías ni deducirse honorarios fiduciarios, jurídicos, de asesoría o administración. Los impuestos personales pagados en el extranjero pueden computarse según la ley china.

El alcance supera el nombre formal del vehículo. Una entidad extranjera puede quedar incluida por una participación mínima de 25% o por control sustancial, mientras las instituciones financieras reguladas que sirven a clientes independientes y las empresas con actividad comercial demostrable pueden quedar fuera. La ciudadanía extranjera o residencia permanente en otro país tampoco elimina automáticamente la residencia china si los principales intereses económicos siguen en el continente.

Las reglas transitorias generan trabajo inmediato. Ciertos impuestos no pagados sobre aportes realizados entre 2023 y 2025 y rentas anteriores a 2026 deben declararse dentro de los 90 días del anuncio sin recargos por mora. Desde el 1 de enero de 2026, los aportes y la renta anual se rigen por el nuevo marco; los residentes suelen declarar la obligación del año anterior entre el 1 de marzo y el 30 de junio.

Hong Kong recibe el cambio desde una posición de escala. Un informe sectorial de 2026 la ubicó como el mayor centro mundial de gestión patrimonial transfronteriza y proyectó un crecimiento anual de 9% entre 2025 y 2030. Cifras oficiales contaban más de 3.380 family offices individuales a fines de 2025 y casi 3.600 solicitudes de ingreso de capital, por un valor esperado de HKD 108.000 millones, a abril de 2026.

La medida continental no crea un impuesto de Hong Kong ni impide administrar capital allí. Modifica la economía después de impuestos y la carga informativa para residentes chinos que utilizan fideicomisos offshore, lo que puede reducir estructuras motivadas por ventajas fiscales y aumentar la demanda de fiduciarios, bancos privados, contadores y abogados capaces de asegurar cumplimiento. Una salida de dinero sigue siendo una posibilidad, no una consecuencia ya observada.

La prueba para Hong Kong será si la previsibilidad jurídica, el acceso a inversiones y la experiencia financiera conservan valor cuando disminuye la opacidad fiscal. Reestructuraciones o menor creación de fideicomisos mostrarían ajuste; activos sostenidos, nuevas oficinas familiares y estructuras transparentes mostrarían resiliencia. La regulación cierra una vía tributaria continental, pero no borra por sí sola la función más amplia de Hong Kong en la riqueza asiática.