El oro al contado cayó 1,2%, a US$4.026,21 la onza, mientras los futuros estadounidenses de agosto bajaron 1,3%, a US$4.025,70. El metal quedó apenas por encima de la zona de US$4.000 que funciona como soporte desde fines de junio, por lo que el retroceso prueba un rango definido sin confirmar aún una ruptura.
La presión inmediata provino de la fortaleza del dólar, cerca de un máximo de cuatro semanas. El movimiento encarece el oro denominado en esa moneda para compradores externos. Con el mercado físico tranquilo, el posicionamiento profesional y las expectativas macroeconómicas dominan la formación del precio.
La decisión de la Reserva Federal del miércoles es el principal catalizador programado. Los futuros señalaban una probabilidad de 36% de un aumento de 25 puntos básicos en esta reunión y de aproximadamente 80% para septiembre. La revisión eleva el costo de oportunidad de mantener un activo sin renta.
Donald Trump pidió tasas más bajas y sostuvo que Estados Unidos debería tener el menor costo del dinero del mundo. El mercado se movió en sentido contrario porque la energía y la inflación asociada con aranceles restan credibilidad a una flexibilización. La brecha entre preferencia política y expectativa monetaria aumenta el riesgo del comunicado.
El petróleo conecta geopolítica y tasas. Washington y Teherán retomaron negociaciones tras pausar ataques, y el crudo bajó hacia mínimos de una semana. Sin embargo, la energía sigue suficientemente cara como para reforzar el temor a una política monetaria más restrictiva, negativa para el oro pese a su función de cobertura inflacionaria.
El metal queda atrapado entre funciones opuestas. El riesgo de conflicto sostiene la demanda de refugio, mientras el dólar y los rendimientos reducen el atractivo de un activo sin intereses. El rango estrecho alrededor de US$4.000 desde junio muestra que ninguna fuerza logró una ventaja duradera.
La debilidad alcanzó a otros metales preciosos. La plata cayó 1,8%, a US$57,35; el platino 2,1%, a US$1.587,90; y el paladio 3,1%, a US$1.251,92. El movimiento sincronizado apunta a presión general de tasas y dólar, no a un cambio aislado en los fundamentos del oro.
Las próximas señales son concretas: decisión y lenguaje de la Fed, probabilidad asignada a septiembre, reacción del dólar y permanencia del piso de US$4.000. Las conversaciones entre Estados Unidos e Irán pueden cambiar rápidamente petróleo y refugio, pero una ruptura sostenida exigirá que moneda, tasas y geopolítica se muevan en la misma dirección.