Wall Street cerró el viernes sin una dirección única, pero la división interna de la rueda mostró dónde se acumulaba la presión. El S&P 500 sumó 3,68 puntos, menos de 0,1%, hasta 7.411,98, mientras el Dow Jones Industrial Average avanzó 235,60 puntos, o 0,5%, hasta 51.947,25. El S&P, sin embargo, completó una segunda baja semanal consecutiva, la primera secuencia de ese tipo desde marzo.
El Nasdaq Composite cayó 161,87 puntos, o 0,6%, hasta 24.975,82, arrastrado por grandes fabricantes de semiconductores. Micron Technology perdió 7% y Broadcom retrocedió 2,7%. Su peso bursátil alcanzó para limitar al mercado general aunque dentro del S&P 500 hubo más acciones en alza que en baja, lo que expuso una brecha entre los índices y la amplitud real de la rueda.
Los precios energéticos ofrecieron un contrapeso transitorio a los temores inflacionarios. El Brent bajó 3,9% a US$96,78 por barril después de superar US$100 el jueves, en su primer descenso de la semana. El crudo rondaba US$72 antes de que comenzara el conflicto con Irán a fines de febrero, por lo que la caída diaria no eliminó el aumento mucho mayor que enfrentan empresas y hogares.
La prima de riesgo continúa ligada a Medio Oriente y a una posible interrupción de los flujos de petróleo y gas. Un cierre prolongado del estrecho de Ormuz golpearía a un mercado con menos amortiguadores que a comienzos de año, incluidas reservas estratégicas estadounidenses reducidas. Eso deja expuestos los costos de transporte, las facturas energéticas industriales y los combustibles para consumidores.
Los bonos aportaron un alivio limitado. El rendimiento del Tesoro estadounidense a diez años cedió a 4,68% desde 4,71%, reduciendo la presión de la tasa de descuento sobre las valuaciones bursátiles. Pero una nueva ronda de aranceles estadounidenses que cubre casi todas las importaciones amenaza con elevar los costos de las empresas importadoras, que suelen trasladar al cliente al menos una parte del incremento.
La combinación de aranceles y energía cara está modificando las expectativas para la Reserva Federal. Los mercados asignaron una probabilidad cercana a 38% a una suba de tasas en la próxima reunión y esperaban al menos un aumento antes de fin de año. La gasolina promediaba US$4,10 por galón, casi un dólar más que un año atrás, y restringía el gasto discrecional de los hogares.
Los resultados corporativos no disiparon las dudas. American Express cayó 4,3% pese a informar un beneficio trimestral mayor y mantener su previsión anual, porque el aumento del gasto para retener clientes de altos ingresos agudizó las preguntas sobre los márgenes futuros. Los inversores aplican la misma prueba a los grandes grupos tecnológicos cuyas valuaciones dependen de una expansión sostenida de las ganancias.
La inversión en inteligencia artificial ya forma parte de ese examen. Alphabet y Nvidia comprometieron grandes sumas en infraestructura de IA, pero el mercado exige cada vez más pruebas de que ese gasto producirá retornos acordes con sus valuaciones. La próxima etapa estará marcada por la decisión de la Reserva Federal, la duración del retroceso petrolero y las previsiones empresariales sobre aranceles, energía y costos de capital vinculados con la IA.