Las acciones globales avanzaron en una sesión marcada por renovado entusiasmo por inteligencia artificial, resultados europeos desiguales y una sorpresa monetaria en Nueva Zelanda. El MSCI mundial ganó cerca de 0,2%, pero el movimiento no fue uniforme: tecnología asiática lideró, bancos europeos pesaron y las monedas respondieron a señales diferentes.
Corea del Sur produjo el salto más fuerte. Kospi subió cerca de 6% después de que SK Hynix multiplicara por más de siete su beneficio y anunciara unos US$75.000 millones de retornos a accionistas. Nikkei, CSI300 y Asia-Pacífico fuera de Japón también avanzaron.
El rally enfrentaba una prueba inmediata con Alphabet y Microsoft. Los inversores buscaban evidencia de que ingresos de nube e IA justifican enorme inversión. Las acciones valoraban crecimiento, mientras el crédito comenzaba a cobrar riesgo de financiación, sobre todo a balances débiles.
Europa mostró cómo un titular global oculta debilidad local. STOXX 600 perdió aproximadamente 0,25% por Santander, UBS y una caída de 11% de Adyen. El índice mundial podía subir porque Asia y futuros estadounidenses compensaban pérdidas regionales.
Reserve Bank of New Zealand dio la mayor sorpresa. Mantuvo la tasa en 2,75% por votación estrecha cuando el mercado esperaba una suba. El dólar neozelandés cayó más de 1,3%, mayor baja en siete meses, porque el posicionamiento amplificó el error de expectativas.
Otros bancos centrales completaban el calendario. Se esperaba pausa de la Reserva Federal, aunque disensos restrictivos podían importar, y una suba de Bank of Canada. La inflación australiana reforzó la expectativa de otro aumento, mostrando que el ciclo mundial no era sincronizado.
Energía y geopolítica agregaron inflación. Brent subió cerca de 1,1% a US$115,13 tras un ataque a una refinería saudí; el gas europeo alcanzó máximos de cuatro años cerca de €99,2 por MWh; el shekel cayó 2,2% por una elección sin mayoría clara.
La sesión debe leerse como fotografía previa a catalizadores, no como tendencia duradera. Las próximas pruebas serán monetización tecnológica, inversión, comunicación monetaria y flujos energéticos. Optimismo, financiación, inflación y política movían activos en direcciones opuestas.