El oro terminó el viernes a la baja y se encaminó a una pérdida semanal porque la fortaleza acumulada del dólar y los altos rendimientos de los bonos superaron el apoyo inicial de un empleo débil. El oro al contado cayó 0,9% a US$4.140,06 por onza y cerca de 3,4% en la semana.
Los futuros estadounidenses cerraron 1% abajo a US$4.162,30. El metal al contado había ganado más de 1% al comienzo de la rueda después de que las nóminas no agrícolas de septiembre aumentaran solo 29.000, muy por debajo de las 90.000 esperadas.
El crecimiento de agosto fue revisado a 133.000 desde 162.000. Las cifras llevaron a los operadores a reducir a cerca de 22% la probabilidad implícita de un alza de la Fed en octubre, desde aproximadamente 70% al inicio de la semana. Es precio de mercado, no decisión.
La caída pese a menores expectativas inmediatas reflejó el entorno amplio de tasas. Los rendimientos del Tesoro a diez y treinta años habían alcanzado el jueves sus niveles más altos desde 2002, elevando el costo de oportunidad de un metal que no paga intereses.
El dólar cedió durante el viernes, pero aún se dirigía a una ganancia semanal. Una moneda estadounidense más firme encarece el oro para compradores con otras divisas y suma presión cambiaria al efecto de los altos rendimientos.
El lingote perdió más de 20% desde que comenzó a fines de febrero la guerra estadounidense-israelí con Irán. El conflicto puede impulsar refugios, pero también elevó en este período la inflación y las expectativas de tasas altas, generando una fuerza contraria.
Los otros metales preciosos compartieron la debilidad. La plata al contado cayó 0,8% a US$60,36, el platino 2% a US$1.692,90 y el paladio 0,5% a US$1.165,75. Los tres se encaminaban a pérdidas semanales.
Los cierres describen una rueda y una semana, no una tendencia permanente. El próximo rumbo dependerá de si el empleo cambia la reacción de la Fed, de la inflación y de si los rendimientos largos y el dólar retroceden desde niveles elevados.